La adolescencia es una etapa de muchos cambios: en el cuerpo, en las relaciones, en la identidad y en las exigencias del colegio. Es normal que a veces sea difícil. Cuando el malestar se vuelve intenso o dura demasiado, la terapia puede ofrecer un espacio propio para entender lo que ocurre y aprender herramientas para manejarlo.
¿Cuándo consultar?
Puede ser un buen momento para pedir ayuda cuando observas que tu hijo o hija:
- Está más irritable, triste o apagado de lo habitual durante varias semanas.
- Se preocupa en exceso, evita situaciones (el colegio, las salidas, los grupos) o tiene miedos que lo limitan.
- Cambió su sueño, su apetito o su rendimiento escolar de forma notoria.
- Se aísla de la familia o de sus amistades.
- Tiene dificultades para manejar la ira, la frustración o la presión académica.
- Atraviesa una situación difícil: una pérdida, una mudanza, conflictos familiares o acoso escolar.
También pueden consultar adolescentes por iniciativa propia, con el acuerdo de su familia.
Cómo trabajo con adolescentes
- Primera consulta con la familia. Conversamos con madre, padre o cuidadores para conocer el motivo de consulta, la historia y las preocupaciones, y explico cómo funciona la terapia.
- Un espacio propio. Las sesiones se centran en la persona adolescente: en un clima de respeto y sin juicios, trabajamos objetivos que también le importen a ella.
- Confidencialidad acordada desde el inicio. Se definen de antemano los límites de lo que se comparte con la familia.
- Orientación para madres, padres y cuidadores. Hay lugar para pautas de acompañamiento en encuentros periódicos, porque el entorno es parte del cambio.
- Coordinación con el colegio, cuando resulta útil y con autorización de la familia.
Enfoques con evidencia
Con adolescentes, la terapia cognitivo-conductual (TCC) cuenta con amplio respaldo para la ansiedad y la depresión. Trabajamos para identificar los pensamientos y conductas que mantienen el malestar y se practican habilidades como la resolución de problemas, la activación conductual y la exposición gradual a lo que se evita.
Cuando es apropiado, incorporo elementos de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), que ayuda a relacionarse de otra manera con las emociones difíciles y a orientarse hacia lo que de verdad importa. Todo se adapta a la edad, a la etapa de desarrollo y al lenguaje de cada persona.
En los casos de depresión moderada o grave, las guías clínicas recomiendan una evaluación médica o psiquiátrica y, si corresponde, combinar la psicoterapia con otros tratamientos. En esas situaciones trabajamos de forma coordinada con los profesionales que intervienen.
Si hay una situación de riesgo
Si tu hijo o hija habla de hacerse daño o de no querer vivir, o si encontraste señales de autolesión, no esperes a la próxima consulta: acude a un servicio de urgencias o contacta la línea de ayuda de tu país. Quédate con la persona y no la dejes sola.
Preguntas frecuentes
¿Mi hijo o hija tiene que estar de acuerdo con empezar la terapia?
Es muy importante, porque la terapia funciona mejor cuando la persona adolescente participa por voluntad propia. Si hay resistencia, en la primera consulta podemos pensar juntos cómo plantear la conversación en casa y cómo explicarle qué puede esperar, de modo que no lo viva como un castigo.
¿Qué se comparte con madres, padres o cuidadores?
Acordamos desde el inicio qué se comparte y qué no. Las sesiones de la persona adolescente son confidenciales, y yo brindo a la familia información general sobre el proceso y pautas para acompañar. La excepción es cuando existe un riesgo para su seguridad o la de otras personas, caso en el que es mi deber avisar a los adultos responsables.
¿La terapia online sirve para adolescentes?
Muchos adolescentes se sienten cómodos con la videollamada. Requiere un espacio privado en casa donde puedan hablar con libertad. En la primera consulta evaluamos si este formato es el adecuado o si conviene la consulta presencial.
¿Cuánto dura el proceso?
Depende del motivo de consulta y de cada adolescente. Los tratamientos estructurados suelen requerir entre 12 y 20 sesiones, y revisamos el avance de forma periódica con la familia para ajustar el plan.
Referencias y fuentes
- NICE (2019). Depression in children and young people: identification and management (NG134). nice.org.uk/guidance/ng134
- Higa-McMillan, C. K., Francis, S. E., Rith-Najarian, L., y Chorpita, B. F. (2016). Evidence base update: 50 years of research on treatment for child and adolescent anxiety. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 45(2), 91–113. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26087438/
- Weersing, V. R., y cols. (2017). Evidence base update of psychosocial treatments for child and adolescent depression. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 46(1). tandfonline.com/doi/full/10.1080/15374416.2016.1220310